A propósito del Día de muertos

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El Día de Muertos en México tiene sus raíces en las culturas prehispánicas, particularmente entre los mexicas, mayas y purépechas. En estas civilizaciones, la muerte no era vista como un fin absoluto, sino como parte de un ciclo natural que daba continuidad a la vida. En la cosmovisión mexica, los muertos emprendían un viaje hacia el Mictlán, un largo proceso de transición hacia el inframundo. No obstante, se creía que los difuntos podían regresar al mundo de los vivos durante ciertos periodos, lo que eventualmente se convirtió en la base para el Día de Muertos.

Con la llegada de los españoles en el siglo XVI y la imposición del cristianismo, las prácticas funerarias indígenas se fusionaron con el culto a los santos y a los fieles difuntos del catolicismo. Este sincretismo dio lugar a la festividad tal como se celebra hoy: un ritual que honra a los muertos el 1 y 2 de noviembre, coincidiendo con las festividades católicas de Todos los Santos y Día de los Fieles Difuntos.

Un elemento clave de esta celebración son las ofrendas o altares, que se preparan para recibir a las almas de los difuntos. Estos altares incluyen elementos que representan los cuatro elementos de la naturaleza: agua, tierra, viento y fuego. También incorporan comida, bebidas, flores de cempasúchil y objetos personales de los muertos, con el fin de que las almas disfruten de aquello que les gustaba en vida. La UNESCO reconoció la importancia cultural del Día de Muertos al inscribir las Fiestas Indígenas Dedicadas a los Muertos en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2008. Este reconocimiento internacional subraya la riqueza y la continuidad de una tradición que sigue siendo central en la vida familiar y comunitaria mexicana.

Además, la Cocina Tradicional Mexicana juega un papel fundamental en esta festividad. En 2010, también fue reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. La comida, como parte de las ofrendas, tiene un significado simbólico profundo: se cree que los muertos se alimentan de las esencias y aromas de los alimentos ofrecidos. Esto convierte a la cocina en una parte inseparable de la celebración, y muchos platillos, como el pan de muerto, tienen un origen ancestral que conecta directamente con los ritos de sacrificio prehispánicos.

Para escuchar más sobre este interesante ritual, te invitamos a escuchar el programa de radio «El sabor en las palabras» en Radio Bolivariana, Medellín; programa realizado en colaboración con Carolina Moreno Echeverry.

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